Cuando una mujer denuncia que ha sufrido malos tratos, lo habitual es que sólo exista como elemento inculpatorio su testimonio. Si bien somos conscientes de que este tipo de delitos se cometen en la intimidad y con ausencia de testigos, entendemos que el sólo testimonio de la víctima, necesita ser corroborado por pruebas periféricas suficientes para enervar la presunción de inocencia del presunto inculpado.

Tres son los requisitos que exige el Tribunal Supremo para que los testimonios tengan fuerza incriminatoria suficiente:

  1. Ausencia de incredulidad Subjetiva.
  2. Verosimilitud.
  3. Persistencia en la incriminación.

 

En relación al primer requisito, ausencia de incredulidad subjetiva,  se exige un examen minucioso del entorno personal y social que constituye el contexto en el que se han desarrollado las relaciones entre el acusado y la víctima, cuyo principal basamento de la acusación. Es necesario destacar, a través del análisis de estas circunstancias, que la declaración inculpatoria se haya   podido prestar por móviles de resentimiento, venganza, interés o enemistad con el acusado, y al mismo tiempo, excluir cualquier intención espúrea que pueda enturbiar su credibilidad. Sólo de esta forma se puede establecer una primera base firme para llegar a un principio de convicción inculpatoria.

Verosimilitud del testimonio. No basta el requisito anterior, sino que también es necesario que nos encontremos ante una manifestación, que por su contenido y matices, ofrezca sólidas muestras de consistentes y veracidad. La mejor forma de conseguir este objetivo es contrastar las afirmaciones vertidas por la testigo, con los demás datos de carácter objetivo que bien de manera directa o periférica sirvan para corroborar y reforzar aspectos concretos de las manifestaciones inculpatorias.

Este apoyo material sirve para reforzar la credibilidad, no solo de la persona que vierte la declaración, sino la verosimilitud del dato facilitado. Es evidente que esta exigencia debe aquilatarse y extremarse en aquellos casos en los que el delito, por sus especiales características, no ha dejado huellas o vestigios de su comisión.

El tercer requisito es la persistencia en la incriminación. Debe comprobarse cuál ha sido la postura del testigo incriminador a lo largo de las actuaciones, tanto en la fase de investigación como en el momento del juicio oral.

delito de violencia sobre la mujer

La continuidad, coherencia y persistencia en la aportación de datos o elementos inculpatorios, no exige que los diversos testimonios sean absolutamente coincidentes, bastando con que se ajusten a una línea uniforme de la que se pueda extraer, al margen de posibles matizaciones e imprecisiones, una base sólida y homogénea que constituya un referente reiterado y constante que esté presente en todas las manifestaciones.

El Juzgador de conformidad con el mandato establecido en el artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, deberá proceder a valorar la prueba, sobre la base de la actividad desarrollada en el Juicio oral, donde culmina la observancia de los principios de inmediación, oralidad y contradicción a que esa actividad se somete, y que conducen a que prime como regla general en este tipo de delitos una estrechez probatoria para alcanzar una convicción en conciencia, que como se ha dicho se suele materializar como única prueba la declaración de la víctima, por lo que habrá que prestarse especial atención a la propia expresión del testigo, su comportamiento, rectificaciones, dudas, vacilaciones, seguridad, coherencia y un largo etc.

Por ello si se aprecian los requisitos nombrados, en el testimonio de la víctima,  se procederá a dictar una Sentencia condenatoria.

Si no se dan,  no habrá quedado desvirtuada la presunción de inocencia del inculpado, y por tanto procederá la absolución del mismo, ya que la misma como regla general de juicio exige que cualquier condena tenga como soporte una convicción de culpabilidad más allá de toda duda razonable, racionalmente formada y argumentada de manera convincente a partir de datos probados bien adquiridos.

 

Begoña Cuenca Abogada de Familia en Zaragoza.