En Aragón este derecho se recoge en el artículo 60 del Código de Derecho Civil Aragonés:

1. El hijo tiene derecho a relacionarse con ambos padres, aunque vivan separados, así como con sus abuelos y otros parientes y allegados, salvo si, excepcionalmente, el interés del menor lo desaconseja.
2. Los padres y guardadores no podrán impedir la relación personal del hijo con ninguna de las personas mencionadas en el apartado anterior, salvo cuando el interés del menor lo exija.
3. El Juez, a petición del menor, padres, abuelos, parientes o allegados, y atendidas las circunstancias, podrá suspender, modificar o denegar la relación con el menor si su interés lo requiere. También puede adoptar las medidas necesarias con vistas a la efectividad de esta relación personal, especialmente cuando los padres vivan separados.

De tal artículo podemos deducir que los menores tienen derecho a relacionarse con los abuelos, salvo si excepcionalmente el interés del menor lo desaconseja.

En términos parecidos se expresa el artículo 160 del Código Civil:

» 2. No podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del menor con sus hermanos, abuelos y otros parientes y allegados.

En caso de oposición, el Juez, a petición del menor, hermanos, abuelos, parientes o allegados, resolverá atendidas las circunstancias.

Especialmente deberá asegurar que las medidas que se puedan fijar para favorecer las relaciones entre hermanos, y entre abuelos y nietos, no faculten la infracción de las resoluciones judiciales que restrinjan o suspendan las relaciones de los menores con alguno de sus progenitores.»

El Tribunal Supremo señala  que no es posible impedir o limitar el derecho de los niños al contacto con sus abuelos, únicamente por la falta de entendimiento de éstos con sus progenitores.

Y que La relación del nieto con los abuelos es siempre enriquecedora  y no cabe desconocer el legítimo derecho de los abuelos a tener un estrecho contacto personal con quien les une una relación de parentesco tan próximo que justifica un especial afecto.

EL Tribunal Supremo en un caso en el que el padre de los menores había fallecido, teniendo los niños una relación muy cercana con los abuelos dado que residían encima del negocio familiar, la esposa y los hijos abandonaron la vivienda, solicitando los tíos y abuelos paternos un régimen de visitas.

 

 

 

 

La madre se opuso alegando que ya existía una relación con dichos familiares. En primera Instancia fue concedido un régimen de visitas, que fue apelado por la madre, finalizando el recurso con el establecimiento de un amplio régimen de contacto entre abuelos, tíos paternos y nietos, consistente en estar juntos todos los miércoles de 18 a 20 horas, el último fin de semana de cada mes desde las 20 horas del viernes hasta las 20 horas del domingo, todos los días de Reyes de 12 a las 16 horas y una semana cada año durante los meses de julio o agosto sin interrumpir el período vacacional de la madre.

La progenitora  acudió en casación al Supremo al considerar que el régimen de visitas establecido para unos menores de tres años de edad era «excesivamente amplio». Señalando el Tribunal Supremo que  la pernocta no puede acordarse con carácter general, pero tampoco puede impedirse indiscriminadamente». En este caso, la relación entre abuelos y nietos ha sido «muy estrecha y buena, sin que conste ningún obstáculo para restringirla».

«No constan motivos para recelar de la resolución judicial recurrida, que ha tenido en cuenta el interés del menor» e impone una «solución moderada, que respeta el derecho de la madre y el interés de los menores a mantener el contacto con la familia paterna, como factor estabilizador y emocionalmente enriquecedor»

Sentado el principio general, encontramos sentencias como una Resolución de la Audiencia Provincial de Cantabria que denegó a una abuela el derecho a mantener un régimen de visitas con sus nietos de 7 y 9 años, al considerar que el contacto afectaba a la estabilidad emocional de los menores.

La Audiencia señala que las malas relaciones entre la mujer y su hijo, que datan de cuando éste contaba con veinte años, cuando fue expulsado del domicilio familiar, con frecuentes insultos e incluso, según relata uno de los menores, con agresiones de la abuela hacía su madre y en presencia de éstos, son vivencias negativas que desaconsejan
las visitas, pues se pone en riesgo su estabilidad emocional.

El Tribunal Supremo casa  la sentencia recurrida que estableció a favor de los abuelos paternos un régimen de visitas sobre sus nietas. Afirma que el art. 160.2 del CC permite denegar las relaciones del nieto con sus abuelos cuando concurra justa causa, que no define y, por tanto, ha de examinarse en cada uno de los casos que deba enjuiciarse.

En el presente supuesto, entiende el Tribunal que existe justa causa para negar el régimen de visitas a favor de los abuelos, que se
encuentra fundada en beneficio e interés de los menores, a los que se colocaría en una situación de riesgo de mantenerse las comunicaciones con los abuelos.

Concluye que, si bien es cierto, que el interés de los menores se ha de salvaguardar en todo caso, también lo es que no pueden relativizarse las relaciones existentes entre los dos grupos de adultos y que la justa causa para negar las comunicaciones, visitas y estancias de las nietas con sus abuelos viene condicionada no solo por unas reiteradas denuncias, condenas y alejamientos, sino por la absoluta desvinculación familiar durante un periodo considerable de tiempo, y, especialmente, por el riesgo que para las niñas va a suponer las vistas, por muy restrictivas que sean, y por la evidente influencia sobre las nietas de animadversión hacia la persona de sus padres.