Es incuestionable que se ha producido un aumento considerable de rupturas de parejas con hijos. Y que en torno al 50% de los casos se está fijando el modelo de custodia compartida.

 

 

De modo que dicha figura que se instauró hace 21 años, ha llegado para quedarse y consolidarse. En general, presenta más ventajas que inconvenientes.

Existen varios informes psicológicos que ponen de relieve que en general no es la ruptura lo que ocasiona perjuicios a los menores, sino la forma en que se gestiona, y el desarrollo de la misma, es decir, la fase posterior. Se señala por los profesionales que los niños se adaptan con facilidad a una custodia compartida, y lo que ella conlleva, como por ejemplo residir en dos viviendas, a la organización y forma de vida de cada progenitor, etc.

Según los expertos, lo que genera perjuicios y problemas a los menores es estar inmersos en un clima de conflicto, de inestabilidad emocional de los adultos.

En ocasiones, los niños se sienten y se convierten en los protagonistas de los desencuentros de sus padres, y comienzan los conflictos de lealtades, bien porque se ven en la obligación de proteger o defender a uno de los progenitores frente al otro, o por tener la sensación de que si quieren a un progenitor no pueden querer al otro, pues supone una traición.

Por ello la recomendación de los profesionales, tanto psicólogos como jurídicos, es mantener a los hijos fuera del conflicto, y tratar de alcanzar los máximos acuerdos posibles con el fin de garantizar, una infancia y adolescencia adecuadas, independientemente de que se haya producido la ruptura o el divorcio de los padres.

Begoña Cuenca Abogada de Familia en Zaragoza