Os he comentado en muchas ocasiones, y aun así no me cansaré de hacerlo, las funestas consecuencias que acarrea para los hijos, el que los niños sean manipulados para obtener ventajas en el divorcio, o la no presencia de un progenitor en su vida, salvo casos justificados.

 

 

Los hijos necesitan la presencia de ambos progenitores para un desarrollo correcto de su personalidad. Independientemente del modelo de custodia que rija la ruptura, los menores han de relacionarse con ambos, en base a las circunstancias particulares y laborales de cada familia. Debe existir un contacto fluido.

Los padres deben tomar decisiones conjuntas sobre los hijos, deben acompañarlos en los actos trascendentales de su vida, auxiliarlos en sus estudios, estar presentes en sus momentos de ocio, etc.

La propia ruptura de los padres, y los cambios que ella produce, ya genera malestar en los niños, que deben acostumbrarse a la nueva situación. En general, esta quiebra va a ser superada por el menor en un corto periodo de tiempo.

La falta injustificada de uno de los progenitores, genera desequilibrio emocional en los hijos, que puede pasarles factura en el momento actual, pero también en su vida adulta.

Que los hijos perciban una desmesurada conflictividad de sus padres, o más aún que sean partícipes de estas desavenencias, provoca ansiedad en los niños, y en ocasiones desajustes psicológicos más importantes.

Si lo normal es que tras la ruptura, los niños presenten conflictos de lealtades, el problema se agudiza cuando la relación entre los progenitores no es buena o demasiado litigiosa. Los niños tienen sus mecanismos de defensa y al final dicen a cada progenitor lo que este quiere oír.

También es perjudicial que interroguéis a vuestros hijos cuando vuelven de estar en compañía del otro, con el ánimo de buscar faltas o descuidos en la forma de actuar del otro progenitor. Cada uno cuida a su hijo de la mejor manera posible y no siempre tenemos el mismo criterio. Con esta actitud, los niños no cuentan nada, y su vida se segmenta en compartimentos estancos y secretos.

Hablad con naturalidad con vuestros hijos, y preguntar solo para que sientan que estáis interesados en todas sus actividades, las que se hacen con papá y con mamá.

En definitiva, tratad de hacer lo más fácil y llevadera la ruptura a vuestros hijos, para evitarles un sufrimiento innecesario.

Begoña Cuenca Abogada de Familia en Zaragoza.